15/03/2011 (21:44)

LUTAS EMANCIPATÓRIAS

Com a realidade desnudada, um acordar coletivo por um mundo novo sem fronteiras e de direitos recíprocos assegurados

(*) Laura Mora Cabello de Alba

 

A Professora Dra. Laura Mora participou como conferencista no V Encontro Internacional de Advogados Laboralistas e do Movimento Sindical realizado em Cuba, Havana, de 14 a 16 de março de 2010, em Defesa do Direito Laboral e da Previdência Social, discorrendo sobre a busca de efetividade pela construção de um mundo melhor e possível e de inclusão  social, analizando com perspicácia e profundidade a realidade em crise vivenciada pelos trabalhadores com a perspectiva de vivenciar uma troca de paradigmas em favor da dignidade da pessoa humana, num mundo sem fronteiras e de direitos recíprocos assegurados.

 Leia a íntegra da magistral conferencia proferida

 UN CAMBIO DE CIVILIZACIÓN: CRISIS Y EPIFANÍA DE LA REALIDAD

 Sumario: I.- Unas palabras introductorias. II.- Crisis de la realidad: 1.- Crisis del tiempo. 2.- Crisis del espacio. 3.- Crisis de las relaciones. III.- Cuando la realidad se desvela. IV.- Vivir un cambio de civilización.

 I.- Unas palabras introductorias

            Los organizadores del Congreso –Antonio Raudilio y mi amiga Lidia Guevara- me pidieron hace unas semanas que hablara de crisis y trabajo desde una perspectiva europea; no podría tener otra, porque allí vivo y desde allí nace mi mirada de mujer, que es lo que soy en origen.

            Y mi mirada y la mirada de otras y otros en quienes confío me dicen que estamos asistiendo a un cambio de civilización.

Un cambio de civilización supone que parte fundamental del modo de vivir y de relacionarse de los seres humanos está cambiando y ya nunca será como antes. Está ocurriendo la ruina del sistema capitalista-patriarcal y está aconteciendo una revolución de las mujeres que han decidido ocupar el mundo entero y no sólo la parte que les estaba asignada por el orden dominante.

Hay gente, mucha gente, que sigue llamando a las mujeres “grupo social”. Incluso desde perspectivas tutelares, ponen los adjetivos de grupo social “oprimido”, “en desventaja”,  reconociendo oportunamente la injusticia sangrante en el trato a las mujeres. Pero incluso desde esas perspectivas amigables, cuesta ver la libertad que están alcanzando las mujeres en el mundo entero, cuando han decidido de forma masiva que “ya se acabó”.

 No somos un grupo social sino LA MITAD DE LA HUMANIDAD.

 Y ¿Qué pasa cuando la mitad femenina de la humanidad lleva su singularidad y su misterio a esos lugares nuevos para ella? ¿Qué pasa cuando la mitad de la humanidad mujer se re-coloca en la casa y llega masivamente a la organización  capitalista y patriarcal del trabajo? ¿Qué pasa, entonces, con la otra mitad masculina de la humanidad?

Pues pasa un cambio de civilización. Y eso supone transformación: mucha crisis y muchas posibilidades.

Quizás lo tenemos tan delante de los ojos, que no somos capaces de verlo en toda su dimensión, pero lo que está sucediendo es algo muy grande. Por un lado, se ponen en crisis las formas de vivir y de trabajar dominantes y, por otro, se ofrece la posibilidad de hacer mundo desde un lugar pacífico, cuidadoso, al modo que las mujeres han hecho que la vida se sostenga a lo largo de los siglos a pesar de las guerras, la explotación, la violencia…

Cualquier hombre o mujer de izquierdas defiende la re-apropiación social de los medios de producción capitalistas como uno de los posibles instrumentos políticos de reparto de la riqueza y superación del orden dominante. Sin embargo, no mucha gente percibe que ha ocurrido esta Revolución silenciosa y sin sangre, en la que  ha habido un cambio de titularidad de la propiedad de los cuerpos de las mujeres que ha pasado de los hombres a nosotras mismas. Una reapropiación que, sin embargo, no implica  una propiedad privada individualista. Nuestro cuerpo es vehículo de dar vida,  relación, hacer política, hacer derecho, pero hacer derecho y política con cuerpo de mujer.

Así que, en el momento presente, hay una civilización capitalista patriarcal que cae, se deteriora, se virtualiza por pura carencia de sostén material de sus presupuestos; y una civilización que emerge desde el mundo de los hogares, y que tiene vocación de ocupar el mundo entero.

Les hablo de la decadencia de una civilización de la explotación, de la violencia, que sólo es capaz ya de depredar recursos y derechos sociales; y del estado naciente de una civilización del cuidado que lucha por no asimilarse con aquélla en el camino y sostener una vida más justa y equitativa también en el mundo público.

Cuánto tarde en caer el Capitalismo patriarcal y cuánto arrastre y masacre a su paso, no lo sabemos. Aunque asistimos cada día a su decadencia violenta y asesina, poniendo en cuestión y asediando cualquier modelo político que refrende su decadencia, como hace Cuba, y como hace la política de las mujeres.

Que la civilización de las mujeres, que es para mujeres y hombres, cada vez sea más consistente depende de cada quien y de la política que seamos capaces de hacer juntos mujeres y hombres, sabiendo que tenemos mucho que aprender de las mujeres, que llevan toda la vida inventando formas de hacer política más allá de lo establecido por el orden dominante, lo que sin duda ha garantizado la supervivencia de la especie hasta la actualidad.

 Así, querría seguir profundizando en la idea de un cambio de civilización. Las razones son claras para cualquier persona con sentido común -sentido de la realidad- y no necesitan demasiada explicación. Lo que quizás sí es necesario es nombrarlo, decir que está pasando y poner un poco de orden en los argumentos en este momento de ambigüedad aparente, que es propio de un momento de cambio, de crisis.

Para ello, les hablaré de “crisis de la realidad”, para referirme a esa forma de vida que ya no sirve más por inhumana, y de la “realidad que se desvela”, para nombrar ese otro orden que va avanzando, que no sólo compensa los excesos del primero –como lleva haciendo de forma invisible durante muchos siglos- sino que propone un nuevo orden de vida inclusivo para hombres y mujeres del mundo entero, respetando la singularidad de cada quien y, por tanto, de su pueblo y su cultura.

 II.- Crisis de la realidad

             Cuando todavía quedaban casi cuarenta años para acabar el siglo XX y María Zambrano andaba aún exiliada de España en la fría Ginebra, la gran filósofa de la razón poética nos enseñó que la época moderna estaba siendo el tiempo de la crisis de la realidad (1).

            Esas palabras resuenan en mí y me llevan 50 años después a re-pensar la crisis que está viviendo Europa en estos momentos. ¿Será esta crisis actual una etapa más en esa crisis de la realidad de la modernidad?

            Pero ¿qué significa que un tiempo se defina por su crisis de la realidad? Es un tiempo donde la realidad está desatendida, abandonada, falta el contacto con ella.

            El tiempo, el espacio y las relaciones humanas son las materias primas de la realidad. Y lo que nos diferencia del resto de los seres vivos que pueblan la tierra es precisamente la capacidad de transformar esa realidad. Pero esa transformación se puede hacer para la convivencia y el bienestar de todos y todas, para hacer crecer y hacer asequible lo recibido, o para el bienestar de unos pocos,  depredando lo existente sin reponer nada a cambio.

            La crisis de la realidad empieza cuando, en esa transformación, se pierde la medida humana del tiempo, del espacio y de las relaciones.

 Pero vayamos por partes.

 1.- La crisis en el tiempo

            Se trabaja más deprisa, se viaja más deprisa, la comunicación es casi instantánea, se fuerza la tierra para producir más y más rápidamente… lo que lleva necesariamente a un tipo de intercambio humano que respeta poco el ritmo biológico del planeta, de los cuerpos.  La tecnología avanza y los seres humanos vamos detrás persiguiéndola, deslumbrados por lo que somos capaces de llegar a hacer en un tiempo inaudito.

El tiempo de trabajo crece y se confunde en una absorción del tiempo “libre” por el tiempo vinculado a la explotación, con sus consiguientes repercusiones en la salud y en el ambiente de trabajo y en el espacio ciudadano… y la realidad, esa mezcla de tiempo, espacio y relaciones humanas se resiente. El anhelo imperialista es que se deben superar los límites de lo humano.

 2.- La crisis en el espacio

            La modernidad ha impuesto a través de su sistema económico capitalista el uso del espacio, de los recursos y de la generación de residuos de una manera desmedida, sin límite.

            El beneficio económico como única meta de la economía capitalista hace que el planeta esté en la actualidad en una situación crítica. O quizás, más bien, somos los seres humanos como especie viviente en él los que estamos en una situación dramática, porque el planeta que es una macroorganismo vivo intenta compensar todo aquello que pone en peligro su supervivencia. No puedo dejar de pensar en lluvias torrenciales frente a grandes sequías generadas por la deforestación masiva del planeta; inviernos durísimos como respuesta quizás al recalentamiento de la tierra; terremotos y olas gigantescas que arrasan con pueblos enteros, etc.

La explotación de los recursos incluye a trabajadores y trabajadoras del mundo, no sólo en un abuso del tiempo de trabajo sino rebajando otras condiciones laborales y vitales al mínimo para extraer las mayores plusvalías posibles. Se está produciendo una apropiación de todo el espacio-mundo por la empresa global, que hace un uso interesado y antidemocrático de ese espacio, porque hoy la globalización de la economía le permite la explotación allí donde el abuso sea más apetecible para su capital.

Y, para colmo, el capital está utilizando la crisis como coartada para justificar semejante expolio humano.  En Europa, ha puesto  sobre la mesa el binomio crisis económica-reforma laboral, es decir, la tensión capital-trabajo como eje de salida a sus problemas a través de la rebaja de derechos laborales. El capital crea empleo sólo cuando lo necesita para producir y, cuando no, lo destruye y lo intenta hacer al menor coste posible (2). Por eso, su universal demanda de despido libre supone un abaratamiento de su propia destrucción del empleo y no la manera de crearlo, como intentan hacernos creer en un uso antisocial de la crisis. Además de acosar a la ciudadanía europea con falsas profecías acerca de la inviabilidad económica del sistema de seguridad social por culpa de nuestras futuras pensiones de jubilación y el aumento de las prestaciones  de desempleo (3).

 Hasta  hace solo dos siglos, el trabajo ha sido la mediación necesaria con la naturaleza para satisfacer las necesidades humanas, mientras que  la modernidad ha convertido el trabajo en pura “acumulación” sin límites. Y en ese proceso de acumulación, las mujeres han tenido una función central puesto que han sido las productoras y las reproductoras de la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de trabajo. Así, el trabajo de cuidado de las mujeres en el hogar –trabajo no remunerado- ha sido el pilar sobre el que se ha construido la explotación de los trabajadores asalariados. La división sexual del trabajo es el secreto de la productividad, es decir,  la mitad de la humanidad trabajando de forma invisible y desvalorizada para sostener la explotación de la otra mitad de la humanidad asalariada (4).  Por eso, las luchas emancipatorias, de clase, necesitan la política de las mujeres para completarse. Pero no solo eso, porque además la política de las mujeres ofrece una alternativa vital al sistema dominante, pero de eso hablaremos más adelante.

 3.- La crisis en las relaciones

Las relaciones humanas atraviesan desde hace ya mucho tiempo una crisis profunda. Una crisis de clase y una crisis sexual, de relación de cada sexo consigo mismo y entre los sexos. Y, como acabo de anunciar, parte de la crisis también reside en la falta de conciencia de que el sexo y la clase también están en relación, habiendo ignorado o subestimado dicha premisa  muchas de las luchas emancipatorias.

            Por un lado, las relaciones de clase empeoran cada día a fuerza de globalización. Los sindicatos libres son atacados en el mundo entero (5), aportando  ellos también –en ocasiones- cierto exceso de “institucionalización” en las diferentes socialdemocracias donde participan.  La falta de un proyecto político de partido de izquierdas en muchos de nuestros países hace que el sindicato se sienta solo, sea el único protagonista institucionalizado de reclamo social, y  luche sobre mínimos –el pequeño espacio real que tiene en el orden de los poderes- y bajo mínimos, porque no tiene demasiado respaldo social a la hora de llevar a cabo formas típicas de lucha contra el capital como son manifestaciones o  huelgas. Sin embargo, no por casualidad, en las socialdemocracias europeas, es el sujeto político institucional que aún sobrevive e intenta transformar la realidad. No es casualidad porque por su propia actividad de base en el centro de trabajo -que tiene que cuidar como oro en paño y que debe impregnar y nutrir su política de la cúpula-, en muchas ocasiones es capaz de permanecer del lado de la realidad.

 En cualquier caso, la izquierda está viviendo a nivel político una paradoja. Por un lado, la caída en muchos lugares de proyectos socialistas (¡Qué podemos decir ahora mismo de Libia!); una derrota frente al sistema capitalista, que se ha convertido en Occidente en los últimos 20 años en el pensamiento único por donde ha discurrido el poder y el común de los mortales. Sin embargo, la paradoja se presenta cuando ese sistema que ha derrotado a la izquierda de partidos y que se pudiera decir que es hegemónico, vive tal decadencia que no es capaz de subsistir si no es matando de hambre a medio mundo. Eso puede que le dé igual –es evidente que sí-, cuando además los políticos parecen ser más representantes de los mercados financieros ante la ciudadanía que representantes de la ciudadanía ante los mercados (6). Sin embargo, un sistema que para subsistir engaña, roba y mata a esa escala es algo que no puede sostenerse a muy largo plazo. Y, sobre todo, el capital ya no crea riqueza, sólo la destruye y esa es su condena de muerte. Y cuando me refiero a la destrucción de riqueza no sólo hablo de crisis de producción sino de destrucción de relaciones humanas y cuerpos que enferman, se deterioran y dejan de imaginar; agotamiento de materias primas y energías fósiles; de deterioro del planeta Tierra en todas sus dimensiones.

Este sistema capitalista está agonizando tanto si crece como si deja de hacerlo. Si sigue creciendo, lo hará a costa de seguir explotando y expoliando, es decir, devastará el Planeta y a la mayor parte de la gente que lo habitamos (7). Y si deja de crecer, como ahora, produce un deterioro gravísimo en las condiciones de vida de la gente por falta de trabajo, además de seguir avanzando en  el saqueo de los recursos naturales no renovables. Es un sistema tan perverso que, sabiéndose no creador de riqueza real, convierte en riqueza el resultado de su propia devastación: convierte en negocio el reparar las consecuencias de sus guerras, del cambio climático, reformas laborales para solucionar la crisis, etc.

Este sistema nos lleva a la ruina porque cuando crece no reparte la riqueza y, cuando está en crisis, asalta lo público, asalta a los Estados, haciendo que la clase trabajadora reponga con su poco trabajo –con su riqueza real- , lo que él no es capaz de generar con sus especulaciones.

 Por tanto, vivir contemporáneamente una derrota y la decadencia del vencedor no es fácil. ¿Cómo se reacciona ante eso? ¿Cómo se asume una derrota profunda y se buscan nuevas formas políticas para sobrevivir a la decadencia del orden dominante y construir una alternativa? Yo creo que de esa dificultad no resuelta nace la impotencia, la desesperación y la apatía política de mucha gente. Hay una realidad que está en crisis y, como nos dice María Zambrano, cuando la realidad se  muestra ambigua,  la conciencia se apaga. La ciudadanía percibe la derrota de una forma de hacer política, percibe la decadencia violenta del sistema imperante porque la sufren en sus carnes, y no saben qué hacer, en quién confiar…la conciencia se apaga. Pero su rechazo a la política hay que entenderlo como una demanda de verdadera política (8).    

            Y de esa demanda de verdadera política saben las mujeres. Y, aquí, aparece el segundo vector de la crisis de las relaciones de la modernidad. La caída del patriarcado, que acontece cuando cada mujer  y cada hombre singular deja de concederle crédito como modo de vida -como sistema de creencias- ha puesto afortunadamente en crisis las relaciones entre los sexos. Vivimos un tiempo en que está en juego qué mujer y qué hombre somos y quiénes queremos ser,  y cómo nos relacionamos por tanto con el otro sexo.  Y eso está cambiando muchas cosas en la casa y en los centros de trabajo. Ese nuevo orden que se basa en la libertad de las mujeres como sujetos políticos autónomos está construyéndose de forma pacífica, pero muchas mujeres están siendo violentadas y asesinadas precisamente por esa lucha. Cada mujer muerta en la casa o violentada en el trabajo es una tragedia, pero es también la señal ineludible de que tuvo un gesto de libertad, que había encontrado el sentido para vivir y trabajar mejor. Y eso muchos patriarcas no lo pueden soportar, porque el sentido libre de la vida de ella anula automáticamente el sentido opresor de la suya propia. Quizás por eso muchos de ellos se acaban suicidando después de haberlas matado.

 III.-  Cuando la realidad se desvela

La realidad se desvela cuando se muestra con toda su luz y su oscuridad, cuando la realidad aparece tal cual es y somos capaces de verla, de nombrarla.

En ese camino de nombrar la realidad, hay que decir que las casas han sido un reducto económico no capitalista, donde las mujeres han seguido gestionando lo común produciendo aquello que satisface las necesidades que se plantean.  En la casa lo productivo es  lo necesario, y la riqueza se consigue con el bienestar de los habitantes de la misma. En la casa, se gasta menos si hay crisis y se intenta que, además, las cosas básicas sigan cubiertas. Y, por supuesto, las relaciones humanas son lo básico en una casa.

Todo esto explica otra paradoja presente y es que las mujeres padezcan más la crisis pero que, sin embargo, en los hogares donde hay mujeres haya menos pobreza. Se explica desde la idea de que esas casas padecen el capitalismo pero son reductos  no capitalistas, donde riqueza, productividad, producción, beneficio o cuidados tienen otro significado y otra sostenibilidad. Las mujeres muestran una economía alternativa. Algunos dirán que qué tiene que ver la economía doméstica con la macroeconomía, despreciando la primera. Pues tiene que ver muchas cosas. Por un lado, la etimología de la palabra economía -que nos recuerda lo que significaban las cosas antes de que el capitalismo las modulara a su suerte-, dice que economía es el gobierno de la casa. La casa puede ser, por tanto, familiar o un estado o la unión de varios. Y, por otro lado, esa economía despreciada e invisibilizada es la que ha hecho y hace que la especie humana siga adelante a pesar de los pesares y, precisamente, a pesar de los descalabros colosales de la macroeconomía capitalista. Es obvio que las cosas a nivel amplio se complican, pero lo sensato es que los valores básicos de convivencia que rigen en lo concreto de la vida, rijan también en torno al interés general.

            En fin, la realidad se desvela cuando se nombra el regalo civilizatorio que las mujeres llevan custodiando desde que el mundo es mundo y que hoy ofrecen de forma incluyente y global a los hombres fuera y dentro de las casas. Muchas mujeres  y hombres saben que es un momento decisivo,  que nos jugamos mucho en esto.

Luchan por transformar desde dentro el mundo del trabajo capitalista patriarcal  y luchan también por construir formas de trabajo libres y autónomas del capital.

Imaginan un derecho del trabajo que no funcione sólo a la defensiva sino que se sitúe más allá de la crisis, que –en la vanguardia- ofrezca herramientas jurídicas que faciliten todo aquello que ya se está inventando en el centro de trabajo al margen del orden establecido. Un derecho del trabajo y unos sistemas de seguridad social que faciliten y acojan los nuevos caminos que vayan tomando la política y la economía del cuidado (9).

Por eso, muchas mujeres están alerta frente al regalo que les hace el orden dominante acerca del principio de igualdad. Saben que les ha permitido conseguir ciertos avances que no están dispuestas a perder, pero saben que no pueden creer en dicha invitación –seguramente honesta- a ser iguales…porque ¿iguales a quién? Iguales al canon que sostiene el poder en el mundo: el orden de vida de un hombre, occidental, blanco, heterosexual, propietario, capitalista y patriarcal.  Y eso, a muchas y muchos no nos interesa. Como escribió Audre Lorde: “Las herramientas del amo no desmontan la casa del amo” (10). Las mujeres saben que hasta que no son autónomas, se reapropian de sus cuerpos y sus deseos con herramientas políticas y jurídicas originales, no acontece la libertad femenina.

            Definitivamente, las mujeres han puesto las relaciones y el amor en el centro de la política, entendiendo que el dinero y el mercado son respuestas secundarias para satisfacer las necesidades humanas (11). Y ofrecen otro modelo palpable y vivo de desarrollo, de civilización (12).

 IV.- Vivir un cambio de civilización

Para terminar, intentando buscar un camino vital a través de un sistema que cae y una civilización que contemporáneamente emerge, es tan grande la injusticia, la miseria y la deshumanización que nos resulta casi obsceno decir que hay cosas que van bien, que otro mundo está siendo posible, reconocer la grandeza  emergente.  Si lo haces, puede caer sobre ti la acusación de ser una inocente burguesa occidental, que no ve más allá de sus lentes supuestamente privilegiadas. Sin embargo, quiero decir precisamente aquí, en mi amada y admirada Cuba –que es como un terreno franco y complicado en medio del mundo-  que hay cosas que van bien; que hay mucha gente que está siendo libre y creativa incluso en el propio centro de la contradicción.

Si ajustamos cuentas con la realidad y si la libertad es una experiencia en común (13) y supone vivir con sentido teniendo en cuenta las condiciones de existencia concretas, por difíciles que éstas sean, ya hay mucha gente en muchos lugares del mundo que está cuidando la realidad, dándole un sentido de libertad y de verdadero progreso. Mucha gente que, desde diversas perspectivas no excluyentes, está contribuyendo a sostener esa nueva civilización humana. Una realidad que, precisamente por estar en crisis, nos reclama la posibilidad de tocarla y transformarla. Y tocar y transformar la realidad da mucha felicidad (14).

Así, me asaltan a la escritura los trabajadores y trabajadoras de los pueblos árabes en rebelión; el constitucionalismo indígena de Ecuador y Bolivia; el ecologismo; la vocación universal de maestras y maestros; las medicinas alternativas; la Carta Sociolaboral para Latinoamérica; el ejemplo de ciudadanía democrática de Islandia frente a la crisis; los huertos urbanos en solares abandonados del centro de Madrid o Berlín –donde crecen hermosas verduras casi del asfalto-; el Tribunal Internacional de Libertad Sindical; la lucha de resistencia en Wisconsin, los hombres que están ya repensando su lugar en el mundo; la nacionalización de bancos y  multinacionales en Venezuela; los movimientos por la soberanía alimentaria; el amor y el cuidado de la realidad  del pueblo cubano, la política de las mujeres en el mundo entero…

Frente a la barbarie, otro mundo ya está siendo posible.

 NOTAS DE REFERÊNCIA

1) “La actitud ante la realidad” (1965), en Filosofía y Educación. Manuscritos, Ángel Casado y Juana Sánchez-Gey (edits), Ágora, Málaga, 2007.

2) Antonio Baylos Grau, “Sobre el uso antisocial de la crisis económica”, Diario Nueva Tribuna, 22 de agosto de 2010.

3) A propósito, Vicenç Navarro, “Las pensiones son viables”, Viejo Topo, julio-agosto de 2009 o en su página web: www.vnavarro.org.

4) Silvia Federici, Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Traficantes de sueños, Madrid, 2010, pág. 16.

5) Al igual que en Europa, en los EEUU hay una fuerte embestida contra los sindicatos. En estos últimos días, "Los republicanos piensan que, si pueden destruir los sindicatos, ya no tendrán que preocuparse por los demócratas", comenta Karen Ackerman, directora política del AFL-CIO, la mayor confederación sindical de EEUU. Frente a esa gran ofensiva, la esperanzadora lucha de trabajadores y trabajadoras y estudiantes de Wisconsin y otros muchos lugares de los Estados Unidos.

6) Luis García Montero, en una entrevista al Diario Público, 3 de marzo de 2011.

7) Se ha llegado al pico de consumo de petróleo. Ver, José Manuel Naredo, Raíces económicas del deterioro económico y social. Más allá de los dogmas, Madrid, Siglo XXI, 2006.

8) Ana Maria Piussi,“Donde la sociedad ve carencias, yo leo deseos”,  en Diótima, El perfume de la maestra, Icaria, Barcelona, 2002.

9) En este sentido, el Manifiesto “Imagínate que el trabajo…”, del Gruppo Lavoro de la Librería de Mujeres de Milán, en la Revista Duoda, nº38 ,2010.

10) Audre Lorde, La hermana, la extranjera, horas y HORAS, Madrid, 2006.

11) Idea de la pensadora italiana Vita Cosentino.

12) En este sentido, Serge Latouche, La apuesta por el decrecimiento, Barcelona, Icaria, 2008.

13) Lia Cigarini, “Libertad Relacional”, Revista Duoda, nº 26, 2004.

14) María Milagros Rivera Garretas, La diferencia sexual en la historia, Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2008.

(*) Laura Mora Cabello de Alba é Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social Universidad de Castilla-La Mancha

 

 

 

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